Durante la Semana Santa existen muchas tradiciones que implican reflexión, oración y renovación de la fe, en un tiempo en el que Jesús vivió sus últimos días sobre la tierra, para morir y posteriormente resucitar.
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La tradición dice que durante la Cuaresma, que inicia a partir del Miércoles de Ceniza, los creyentes no pueden comer carnes rojas los viernes, y esta costumbre se repite todos los días durante la Semana Santa, especialmente el Jueves y Viernes Santo.
Aunque es una tradición que lleva siglos, con el tiempo algunas personas han confundido qué tipo de carnes se pueden consumir. La idea de omitir las carnes rojas en la alimentación diaria se relaciona con una forma de sacrificio, reflexión y disciplina espiritual, recordando el sufrimiento y la muerte de Jesucristo.
Entonces, ¿qué carnes blancas se pueden consumir?
Aunque al escuchar carnes blancas, muchas personas la asocian a su sabor, en realidad la expresión va más enfocada al origen del animal. Aquellos animales que provienen del ambiente terrestre no son permitidos al ser de sangre caliente, como los mamíferos y las aves de corral.
Bajo esta lógica, la principal alternativa durante los días de abstinencia son los alimentos que provienen del agua. El pescado se convierte en el protagonista de la mesa, no solo por tradición, sino porque la Iglesia establece una clara distinción entre la carne de animales terrestres y otras fuentes de proteína.
Dentro de esta categoría aparecen opciones ampliamente consumidas en estas fechas. Por un lado, están los pescados blancos, conocidos por ser más ligeros, como la mojarra, el bacalao, la tilapia o el robalo. Por otro, los pescados azules también son válidos, a pesar de su mayor contenido graso, incluyendo el bagre, el atún, el salmón o la sardina. Todos ellos hacen parte de las preparaciones típicas de Semana Santa, especialmente en los días de vigilia.
A esta lista se suman los mariscos y crustáceos, que también están permitidos sin restricción. Camarones, langostinos, pulpo, calamar, mejillones y almejas entran dentro de las opciones que los fieles pueden consumir, lo que explica por qué durante esta temporada aumentan las recetas basadas en productos del mar.
Sin embargo, uno de los puntos que más genera confusión es el consumo de pollo o pavo. Aunque en algunas interpretaciones estrictas también se consideran carne de animales terrestres, en la práctica moderna muchas comunidades religiosas los permiten, salvo en días más rigurosos como el Viernes Santo, donde se invita a una abstinencia más estricta centrada en pescado o alimentos vegetales.
Incluso, a lo largo de la historia han existido excepciones curiosas. En algunas regiones, animales semiacuáticos fueron considerados aptos para el consumo durante la Cuaresma, como el chigüiro.
El error más común: el cerdo
En medio de estas dudas, hay una aclaración clave: la carne de cerdo no está permitida durante los días de abstinencia. Aunque en la gastronomía suele catalogarse como “carne blanca” por algunos de sus cortes, en el contexto religioso esto no aplica.
Al ser un mamífero terrestre de sangre caliente, entra directamente en la misma categoría que la res o el cordero, por lo que queda excluido durante la vigilia. Esto también incluye sus derivados, como el jamón, el tocino, las salchichas o el chorizo.
Así, más allá del color o el tipo de preparación, la regla es clara: lo que define si un alimento está permitido no es su apariencia, sino su origen.
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