Clementina tenía cuatro días de vida cuando llegó a la vida de Andrea Castrillón. Era una ternera anaranjada de orejas grandes, débil, enferma y separada prematuramente de su mamá, y por eso necesitaba de todos los cuidados, el calor y el amor para poder sobrevivir. Aunque su destino estaba escrito, y la esperaba el matadero, Andrea encontró una forma distinta de escribir su historia, y, además de recibirla en su casa, la hizo parte de su vida. Ya llevan siete años juntas.
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Andrea, quien ya rescataba perros, gatos y minipigs, recibía a los animales que tenían el rótulo de ‘inadoptables’ por sus condiciones especiales. Comenzó a llamarlos ‘animales de edición limitada’; y, con la llegada de Clementina, otras especies comenzaron a aparecer. Fue como si Clementina le hubiera mostrado el camino, y hoy, sin importar la especie, los escucha a todos y les da voz, “no porque no la tengan, sino porque los humanos no sabemos escuchar”, dice Andrea.
Su proyecto de rescate, al que llamó Second Chances, comenzó en 2018 y nació de la necesidad de extender ese cuidado más allá de las personas. “Nuestra bandera es la revolución desde el amor, y nuestro lema: ‘la única diferencia es tu percepción’, aplica para todo, pero mucho más para las divisiones entre especies inventadas por los humanos”, explica Andrea, quien es psiquiatra de profesión, y a quien la vida siempre la ha llevado por el camino de la empatía, la ternura y la sanación que trae el estar presentes.
“Los animales son mi tribu, mi familia. Daría todo por ellos, porque son, sin duda, mi mejor elección”. Andrea Castrillón, psiquiatra y rescatista.
Hoy viven con ella 54 animales de diferentes especies, pero han sido más de 100 los que han pasado por Second Chances y su compañía sanadora, en donde han encontrado cariño y cuidado para vivir de manera digna hasta el final de sus días. Con ellos ha logrado desafiar cualquier pronóstico que le dijera que no podía equilibrar su vida profesional con la labor que realiza como rescatista.
“Rescatar animales es estar frente al sufrimiento de seres vulnerables y me ha puesto en sintonía con un nivel de empatía crucial para mi labor como psiquiatra. Acompaño a los humanos con la misma calma, respeto y presencia que los animales me han enseñado. O al menos, eso intento”.
Para Andrea, Second Chances es su escuela. Allí aprende, además del lenguaje especial que le permite comunicarse con sus animales, sobre la calma, la paciencia y el respeto por los procesos de los demás. Brinda ayuda a los animales de granja porque “son los más invisibilizados y explotados. Los perros y gatos suelen tener una red de protección social, pero los animales de granja son tratados como objetos. Decidimos ser su voz porque sus vidas tienen el mismo valor intrínseco”, explica.
En Second Chances hay 54 animales: 27 perros, 3 gatos, 14 cerdos, 1 caballo,
1 burro y 8 bovinos.
Los animales que recibe suelen llegar en condiciones críticas, con desnutrición extrema, secuelas de maltrato y traumas emocionales, y comienzan un proceso de recuperación clínica con veterinarios expertos y una recuperación emocional en la que Andrea los acompaña. “Respetar los tiempos de cada uno es fundamental”, dice, y cuenta que el santuario se sostiene gracias a su trabajo como psiquiatra, a la venta de camisetas y a la participación en ferias y bazares. “No solo rescatamos animales que se quedan en el santuario; también entregamos algunos en adopción”.
Además de dar segundas oportunidades en su santuario en Fredonia, Andrea extiende su labor al resto del país, con jornadas de esterilización y apoyo en zonas vulnerables, como Córdoba, Sucre y San Andrés, en donde los animales han sufrido tanto a causa de las lluvias. “Second Chances busca mostrar lo poderoso que es dar segundas oportunidades y cambiar así el mundo, una vida a la vez”.
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