La familia de Victoria López Arcila, una menor de 5 años con discapacidad auditiva del barrio El Playón, vivió una angustiosa búsqueda que terminó en final feliz, luego de que la pequeña perdiera el implante que le permite escuchar. Por fortuna, la solidaridad de los vecinos y la difusión en redes sociales y medios de comunicación dieron grandes resultados.
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La angustiosa búsqueda inició el pasado sábado, 30 de mayo, cuando la mamá de la pequeña, Erika López, la llevaba desde donde la cuidan hasta su hogar, ubicado a solo cinco viviendas de distancia. Al llegar y notar que el aparato no estaba, salieron a buscarlo, pero no lograron encontrarlo.
Victoria fue diagnosticada con hipoacusia neurosensorial bilateral desde su nacimiento, es decir, sordera profunda: no escucha absolutamente nada.
“Hace 2 años tuvimos el privilegio de obtener el implante en los dos oídos. Este aparato solo le sirve a ella, es personal; ella sin eso no escucha”, le contó en su momento Erika a Q’HUBO.
El nombre exacto de este aparato es implante coclear, un dispositivo que ayuda a las personas con pérdida auditiva severa o profunda a percibir sonidos. Se coloca mediante una cirugía en la que una parte del aparato queda implantada bajo la piel, detrás de la oreja, y otra parte externa, que fue la que se perdió, se usa para captar los sonidos y enviarlos al implante.
No falta el aprovechado
Por medio de redes sociales, su familia publicó fotos del implante y ofreció una pequeña recompensa por él, pero, como no pueden faltar en este tipo de casos, llegó alguien que quiso sacar ventaja y, en medio del desespero, comieron cuento y fueron estafados.
El costo total entre los implantes para ambos oídos y la cirugía es de $ 240 millones, pero, como en este caso solo sería uno de los implantes y no se requería procedimiento quirúrgico, el implante podría costar entre $ 40 y $ 60 millones, cifra que con la que ellos no cuentan.
Por eso, la pérdida del implante tiene muy preocupada a su familia, pues se trata de un aparato fundamental para su desarrollo. Aunque tenían la esperanza de que alguien se lo hubiera encontrado y lo tuviera guardado, con las horas esa idea se disipaba.
No se fue tan lejos
Por fortuna, en la noche de este jueves, 4 de junio, llegó la tan esperada llamada: un vecino de la familia les avisó que creían que tenían el implante de la niña en su casa, a donde había llegado por equivocación.
La historia no podía ser más tierna: resulta que un pequeño de apenas 4 años lo encontró en la calle cercana a la casa de Victoria y, como pensó que era un juguete, se lo llevó a su casa y lo guardó en su habitación. Días después, su hermana mayor notó la presencia del objeto y, como había visto las noticias de que estaban buscando el implante, le avisó a sus papás, quienes llamaron a Érika.
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El momento en el que Érika recibió el aparato quedó inmortalizado en las cámaras de seguridad de su local. Entre lágrimas, le agradeció al hombre que recuperó tremendo tesoro, y le entregó una recompensa que habían logrado recolectar gracias a las donaciones.
“Qué felicidad tan grande. Lo que se veía imposible fue posible, Dios es demasiado grande”, le contó Érika a Q’HUBO.
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