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  • Aunque el plan era adoptar solamente una yegua, decidieron darle la oportunidad también a Orión, un macho con historial de maltrato. FOTO: CORTESÍA
    Aunque el plan era adoptar solamente una yegua, decidieron darle la oportunidad también a Orión, un macho con historial de maltrato. FOTO: CORTESÍA
  • Bonita (der.) y Orión (izq.), los caballos rescatados por Ana Lucía y Natalia. FOTO: CORTESÍA
    Bonita (der.) y Orión (izq.), los caballos rescatados por Ana Lucía y Natalia. FOTO: CORTESÍA
  • Aunque Bonita era esquiva al principio, Orión siempre fue su compañero fiel. FOTO: CORTESÍA
    Aunque Bonita era esquiva al principio, Orión siempre fue su compañero fiel. FOTO: CORTESÍA
  • Matilda y Ziki, las perritas, destinan gran parte del día a observar a la yegua bebé. FOTO: CORTESÍA
    Matilda y Ziki, las perritas, destinan gran parte del día a observar a la yegua bebé. FOTO: CORTESÍA

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De cocheros a reyes: los caballos que completaron la familia

Ana y Natalia adoptaron dos caballos para salvar sus vidas, y las rescatadas terminaron siendo ellas.

hace 1 hora

Actualidad

Si a Ana y Natalia les hubieran dicho hace 7 años que hoy iban a estar casadas y que serían las responsables de 3 caballos y 2 perros, seguramente se habrían reído de lo inverosímil del enunciado.

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Y es que cuando se enamoraron, si bien las unía el amor por los animales, habían decidido quererse alrededor del cuidado de dos perras diminutas: Matilda y Ziki; pero nada más.

Vivían en una finca en San Jerónimo cuando vieron una publicación de la Gobernación de Antioquia que decía “Adopta un caballo, transforma una vida”, que hacía parte de un proyecto que rescataba caballos cocheros y en situación de maltrato y vulnerabilidad. Analizaron su situación, las zonas verdes y el espacio con el que contaban, y concluyeron que, al trabajar desde casa, podían dedicarle tiempo a los animales. Entonces se embarcaron en la aventura.

Siguieron el proceso para adoptar a Bonita, una yegua blanca con manchas castañas, y al cotizar el transporte para llevarla a la finca, tomaron la decisión de adoptar uno más; así, en el futuro, podrían dar paseos juntas, cada una en su caballo, y los animales podrían acompañarse.

“Casi me exploto de la alegría cuando fuimos a conocerla, aunque era arisca y esquiva”, contó Ana, y describió que, al momento de elegir a su segundo caballo, encontraron animales en muy malas condiciones. “Escogimos a uno negro, flaco, parado en las ganas de vivir”. Las dos estaban dispuestas a darles a ambos equinos una nueva vida digna.

Bonita (der.) y Orión (izq.), los caballos rescatados por Ana Lucía y Natalia. FOTO: CORTESÍA
Bonita (der.) y Orión (izq.), los caballos rescatados por Ana Lucía y Natalia. FOTO: CORTESÍA

“Fui y le conversé, le dije ‘mañana venimos por vos, vas a ser parte de nuestra familia’, y nos fuimos Natalia y yo corriendo para la Mayorista a comprarles todo. No sabíamos nada de caballos y estábamos a punto de recibir dos”, recordó riéndose, y explicó que, cuando llegaron a la finca y los caballos se bajaron del camión que habían contratado para el transporte, lo primero que hicieron fue empezar a comer como si nunca hubieran comido en su vida, “y desde entonces no han parado”.

Cuidaron que las perritas los recibieran bien y que, al ser tan pequeñas, los caballos no fueran a pisarlas o a patearlas por accidente.

“El veterinario que los revisó nos dijo que Orión, el macho, estaba muy mal. Ahí nos dimos cuenta de que nos habían enviado el caballo que no era; tenía incluso un catéter en el cuello y la cola más larga; el que nosotras habíamos elegido el día anterior tenía la cola corta. O sea, alguien se había equivocado”.
Aunque Bonita era esquiva al principio, Orión siempre fue su compañero fiel. FOTO: CORTESÍA
Aunque Bonita era esquiva al principio, Orión siempre fue su compañero fiel. FOTO: CORTESÍA

Con el caballo incorrecto y lo que supondría devolverlo, tomaron la decisión de recibirlo como un regalo del destino, y así comenzó una historia increíble con dos caballos que aceptaron para siempre y cuya confianza se ganaron gracias al amor y los cuidados que les entregaban. “Les decíamos: ‘aquí nunca les vamos a hacer daño, nunca van a volver a trabajar; nadie les va a volver a poner una carreta encima por nada del mundo’. Es que Bonita tenía unas heridas impresionantes”.

Para ambos caballos, Natalia y Ana son su familia. “Nunca están lejos de nosotras desde que los adoptamos; nos siguen a todas partes”; incluso en los cambios de vivienda, pues, desde su adopción, los equinos han viajado de Santa Elena a San Jerónimo, de San Jerónimo a Santa Marta, y de Santa Marta a Capurganá, en donde ahora viven, y cuyo traslado fue complejo, pero de donde no se piensan mover más.

Alguien venía con sorpresa

“El 16 de enero Natalia se levantó y me dijo: ‘flaca, yo creo que hay un perro junto a Bonita’; y fuimos a ver, y era un caballo bebé: ¡nosotras ni siquiera sabíamos que estaba en embarazo! Ahí atamos cabos y supimos que el papá era un caballo que la había montado en Santa Marta”, explicó Ana, y dijo que, al adoptarlos, les dijeron que tanto Bonita como Orión estaban esterilizados. “Parece que entregarnos al caballo que no era no fue el único error durante la adopción”.

El perro resultó ser Pandora, una yegua que llegó a completar la familia y a seguirles enseñando de maternidad de caballos, tema en el que, por las circunstancias, son cada vez más expertas. Las perras, especialmente Ziki, se acercan a olerla, a mirarla, y a menearle la cola. “Somos una familia multiespecie; nosotras, que no quisimos tener hijos, vivimos fascinadas con nuestras dos perras, y ahora, quién iba a creer, con tres caballos. Ver esa fragilidad, esa vulnerabilidad, la forma en la que confían en nosotras... es impresionante”.

Matilda y Ziki, las perritas, destinan gran parte del día a observar a la yegua bebé. FOTO: CORTESÍA
Matilda y Ziki, las perritas, destinan gran parte del día a observar a la yegua bebé. FOTO: CORTESÍA

Junto a Ana y a Natalia, ni a las perras ni a los caballos les hace falta nada. “Ningún animal merece llegar al punto tan crítico en el que estaban Bonita y Orión cuando los adoptamos. Los amamos profundamente, y entre menos tengan que ver con su vida de antes, mejor; nosotras les prometimos que no van a volver a eso nunca”, concluyó Ana.

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