Todo empezó hace más de un año, cuando encontraron frascos con veneno por los alrededores de la finca. En otra ocasión, dejaron una lengua de vaca amarrada en la entrada, como mensaje de intimidación para un toro que tienen.
El 17 de noviembre de 2025 comenzaron los envenenamientos. Ese día Christopher, un perrito, apareció muerto; tenía las pupilas dilatadas y las encías y la lengua moradas.
A finales de diciembre, Gustavo y Lala también fueron intoxicados. Gustavo, un perrito geriátrico, no sobrevivió, mientras que Lala logró recuperarse. En esa ocasión encontraron una bolsa de arroz con veneno para ratas.
En la semana del 10 al 15 de febrero, cuatro perros más fueron envenenados en menos de una semana. Por fortuna lograron sobrevivir tras recibir atención veterinaria.
Este lugar alberga actualmente más de 140 animales, entre perros, gatos, un toro y tres minipigs, pero la fundación busca un nuevo espacio ante el panorama de inseguridad.
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“Solo estoy haciendo una labor social con los animalitos”, aseguró Lilibet Molina, directora y fundadora. Tras los primeros hechos, Lilibet interpuso una denuncia ante la Fiscalía. Sin embargo, recibió un correo en el que le informaban que el caso fue archivado. “¿Uno para qué denuncia si no hacen nada?”
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