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  • / FOTO: CORTESÍA.
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  • Álvarez Pérez carga con orgullo la carreta del reciclaje, con la que día a día se la lucha en las calles de Medellín. /FOTO: CORTESÍA
    Álvarez Pérez carga con orgullo la carreta del reciclaje, con la que día a día se la lucha en las calles de Medellín. /FOTO: CORTESÍA

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Mari se gana la papita a la par que le da una mano al planeta

Compartió con Q’HUBO las vivencias de su día a día

10 de diciembre de 2023

Mi gente

A las 4:30 a.m. comienza su labor, casi todos los días, Mari Andrea Álvarez Pérez, una antioqueña de 49 años de edad, que lleva más de la mitad de su vida dedicada al reciclaje.

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Antes de cumplir los 15 años empezó a relacionarse con esta labor, motivada por su madre, María Raquel Pérez, ya fallecida, quien llevaba varias décadas realizándola.

“Como no conseguíamos un buen trabajo, entonces unos compañeros nos dijeron que saliéramos a reciclar, y era algo que ya conocíamos porque mamá lo hacía”, comentó ella.

Con el pasar de los años más integrantes de la familia empezaron a sumarse a este oficio, el cual desempeñan ahora también hermanos y sobrinos. Incluso su hijo Duván Alexis Naranjo, también ha incursionado en el tema.

Íbamos a obras y pedíamos reciclaje, también pasábamos a algunas casas a pedir”, dijo.

Recordó que el primer sistema que tuvieron para movilizar el reciclaje fue un carro de rodillos, luego empezaron a alquilar una carreta, que debían reclamarla muy temprano y entregar posteriormente.

Álvarez Pérez carga con orgullo la carreta del reciclaje, con la que día a día se la lucha en las calles de Medellín. /FOTO: CORTESÍA
Álvarez Pérez carga con orgullo la carreta del reciclaje, con la que día a día se la lucha en las calles de Medellín. /FOTO: CORTESÍA
“Ahora estamos librando una carrera, pero igual nos toca pagar parqueadero. $ 8000 nos vale diario el tiempo en el que la dejamos allá”, comentó.

Sus jornadas son largas, generalmente se pueden extender por más de 12 horas y el ritmo en el que avance, en la mayoría de los casos no depende de ellas.

“A las 4:30 a.m. salimos a hacer la ruta por el barrio Laureles, dependemos de cómo avance el carro. Generalmente las 3:00 o 4:00 de la tarde nos podemos ir a vender el resultado de nuestro trabajo”, subrayó.

Aseguró que lo más bonito esta labor es ayudar a dejar la ciudad y el ambiente limpio: “Todos debemos poner grano de arena y es satisfactorio saber que nosotros ayudamos a que vuelva a nacer el cartón, tras los respectivos procesos”.

Un alivio para ellas

Sus extensas jornadas tienen momentos muy complicados. Uno de ellos, es recibir la menstruación a la par que laboran.

Aseguran que casi nadie les presta un baño, algunos porque los desprecian, otros porque le da desconfianza y otros porque los ven sucios, producto del trato con el reciclaje.

Por eso agradecen, que la marca Nosotras les haya obsequiado panties reutilizables a las recicladoras de la Organización ambiental Asemar, posibilitando una menstruación digna para ellas.

“Los podemos utilizar 12 horas seguidas, y cuando regresemos a las casas los lavarlos”, concluyó.

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