Jesús Quintana Urrego creció en la vereda Guamal de Santa Barbara, suroeste antioqueño. Desde joven trabajó el campo sembrando mango y café.
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Aunque se siente orgulloso de su origen, añoraba venirse para la ciudad a labrar un futuro. Con una técnica en sistemas, que pagó con lo que le quedaba de su camello, llegó a la ciudad, a vivir con unos primos. En diciembre de 2004 se graduó del colegio y en marzo de 2005 comenzó a trabajar en Comodísimos, compañía en la que ajustó 21 años y a la que tiene mucho por agradecerle.
“Yo sabía que venía a darla toda, sin importar cual fuera el puesto. Empecé en oficios varios, pero a los 4 meses me asignaron una máquina y ahí me gané la vinculación a la empresa”, recordó.
Tenía proyectado un mejor puesto por lo que se acercó a su jefe y le preguntó que si lo dejaba aprender en su tiempo libre en el kardex:
“Alrededor de medio año me quedé por iniciativa propia a aprenderle a los compañeros en ese proceso, en el que me instruyó mucho Reinaldo Arrubla. Estar allí me permitió tener una visión más amplia de la compañía”, recordó.
Cuando se abrió una vacante allá de una le dieron el puesto, en el que estuvo 5 años: “Ahí hacía todo lo relacionado con despacho de mercancía, inventario de toda la planta, etc”, aseguró.
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Como vieron que ya era un teso le ofrecieron ser coordinador de planta y se le midió: “Al inicio me asusté mucho porque nunca había manejado personal, cosa que no es tan fácil, pero sí sentía que tenía todo el conocimiento”.
Desde 2016 está en ese cargo, en el que programa la línea productiva, recibe todas las órdenes de producción y lidera un grupo de 75 trabajadores. Confesó que siempre quiso entrar a la U, pero sus padres, Hernando y Clara, no tenían forma. Sin embargo, nunca es tarde:
“Gracias a Comodísimos y a la motivación del ingeniero Alejandro Villa, que hizo conexión con el área administrativa, empecé a estudiar”.
Con orgullo contó que avanza en el segundo semestre de ingeniería industrial. Su motivación es evidente, no obstante que no es fácil sacar tiempo para camellar, estudiar y compartir con su esposa, Luz Marina Vélez, y su hijo, Santiago.
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