Como un milagro, así apareció el gato Michín en Campo Valdés. Y es que, entre el ajetreo diario de la ciudad, el felino llegó con pausa, buscando un nuevo hogar. Fue entonces cuando John Arbey Zapata lo encontró, pero desde el primer instante sintió que en aquel gato había algo particular.
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“Ese pobre animal llegó aquí maullando, pero no pidiendo comida, sino pidiendo amor, cariño, calor de hogar”, contó John Arbey en conversación con Katherine Quintero Guzmán, comunicadora de Secretaría de Comunicaciones de Medellín.
“Yo lo intuí. Ese animal lo que necesitaba era amor”. Y así, el pequeño gato empezó a ganarse el corazón no solo de John, sino también de todo el barrio.
Michín siempre fue un gato libre, y es que así como llegó de repente a la casa de John, iba y venía. Comía, tomaba leche, buscaba amor y luego partía en busca de aventuras.
“Yo digo de boca que todavía es mío”, aseguró John, “pero es más del hospital y del 123 de los bomberos que mío”.
Y es que cerca quedaban el Centro de Salud de Campo Valdés y el Hospital Infantil Concejo de Medellín. Allí, el gato pareció haber encontrado una misión.
Michín llegó hasta estos lugares donde la enfermedad, el estrés y el dolor son habituales, para llevar un poco de alegría. Como si fuera su casa, se aparecía dejándose cargar, pidiendo mimos y acompañando las duras jornadas laborales.
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Para Natalie, quien es paramédica en la Línea Amiga de la Secretaría de Salud de Medellín y se encarga de recibir llamadas de salud mental, encontrarse con Michín fue un respiro en medio de tanto caos.
.“Cuando yo llegué a trabajar acá me dijeron: ‘acá hay un gato’. Y yo: ¿dónde? ¿Dónde está? Y cuando lo vi, me enamoré. Michín se convirtió en una pausa en medio del estrés, en un respiro. Tenerlo ahí, cuando la carga laboral es pesada, es como volver a ese espacio de autorregulación después de una llamada muy maluca. Es muy chévere”, explicó.
El gato ha ido y venido por varias áreas, como la de salud sexual y reproductiva del Centro de Salud de Campo Valdés, donde trabaja María Isabel Tamayo Vélez, quien ha sido otra de las enamoradas de los encantos de Michín.
“Nosotros le compramos la cama, la comida y empezó a venir más seguido”, expresó Tamayo.
Y es que el gato va y viene, aprovechando que el centro de salud funciona 24 horas. Ahora, incluso se tienen que coordinar para su alimentación.
“Nos tocó avisarnos: si ustedes le dan comida, entonces nos dicen para nosotros no darle”, aseguró María Isabel.
Ahora Michín hace parte del día a día de quienes trabajan en estos lugares.
Esta historia, que fue conocida por Katherine Quintero Guzmán, comunicadora de la Secretaría de Comunicaciones, permitió conocer a Michín, quien entre turnos largos, llamadas difíciles y pacientes que llegan buscando ayuda, se convirtió en una pequeña compañía que saca sonrisas.
Para muchos no es solo un visitante más: es ese recordatorio de que, incluso en medio del cansancio y la rutina, siempre hay espacio para un momento de cariño.
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