El hijo de José Israel y Luz Amparo fue el último en nacer entre 11 hermanos, pero esa condición de ser el menor no le trajo ningún privilegio: “Papá a todos nos levantó por igual, sin preferencias”.
Nació en Caldas y está próximo a cumplir dos décadas en esta organización, a la que llegó como operario, en parte gracias a Augusto Correa, un supervisor que trabajaba allí y le llevó la hoja de vida.
En Comodísimos ha protagonizado una carrera de crecimiento, que admiran muchos de sus compañeros. Con orgullo relató que ha ido “escalando a medida que pasa el tiempo, el cual también me ha dado muchos aprendizajes”.
Aseguró que en sus ascensos también ha sido clave la “entrega, dedicación e interés que siempre se muestra por adquirir nuevos conocimientos”. Quintero es bachiller y al llegar a esta compañía se encontró con un “mundo nuevo y distinto”, que logró sortear a punta de ganas, talento y cursos del Sena relacionados con calidad y productividad.
El primer puesto en el que estuvo fue perforador de bases, luego pasó al kardex, también fue patinador y hoy es supervisor, cargo en el que tiene a cargo 50 empleados. Para él ha sido fundamental en este proceso entregarle a Dios cada reto que ha tenido y hacer su trabajo con mucho amor.
Eterno agradecido de su empresa
Carlos Alberto dice que será un eterno agradecido de esta empresa porque le ha permitido un crecimiento personal y profesional inimaginado. Aseguró que igualmente gracias a esta compañía ha podido tener estabilidad y los recursos necesarios para sacar adelante a su hijo, Matías, quien tiene 15 años y es su motor de vida. Para él, en su camello también tiene la oportunidad de mostrarle al menor un buen ejemplo.
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