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  • Tres historias de tres familias colombianas que se fueron a Venezuela a buscar un mejor futuro. /FOTOS: CORTESÍA
    Tres historias de tres familias colombianas que se fueron a Venezuela a buscar un mejor futuro. /FOTOS: CORTESÍA
  • Palacios rehizo toda su vida en Venezuela. / FOTO: CORTESÍA JUAN DIEGO PALACIOS
    Palacios rehizo toda su vida en Venezuela. / FOTO: CORTESÍA JUAN DIEGO PALACIOS
  • Conrado fue el encargado de decidir si su familia se quedaba en Venezuela o se iba. /FOTO: CORTESÍA CONRADO MORALES
    Conrado fue el encargado de decidir si su familia se quedaba en Venezuela o se iba. /FOTO: CORTESÍA CONRADO MORALES
  • Claudia asegura que Santa Elena los acogió como ningún otro territorio. /FOTO: CORTESÍA CLAUDIA MONSALVE
    Claudia asegura que Santa Elena los acogió como ningún otro territorio. /FOTO: CORTESÍA CLAUDIA MONSALVE

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Rutas compartidas: relatos de colombianos que hicieron su vida en Venezuela

La migración entre Colombia y Venezuela no es un tema nuevo. Hace al menos 40 años hubo una ola de colombianos que se fueron al país vecino buscando una mejor vida, así lo reflejan estas tres historias.

02 de abril de 2024

Migracion: unidos sin fronteras

Entre 1950 y 1990 la migración colombiana hacia Venezuela se dio como un feSnómeno gracias al crecimiento económico de ese país. Allí, miles de nacionales encontraron las oportunidades laborales que no había en su territorio, así como una mejor calidad de vida.

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Venezuela representaba la posibilidad de un mejor futuro. Las oportunidades laborales en sectores como textil, construcción y la industria petrolera estaban en crecimiento; tanto así que en Colombia se empezó a hablar de que allá estaban los ricos de Suramérica.

De acuerdo con el ensayo ‘Colombia y Venezuela: desempeño económico, tipo de cambio y relaciones Estado-empresarios”, la economía venezolana era 1.4 veces más grande que la colombiana ya que la industria petrolera lo convirtió en el segundo país más rico de la región.

No se tiene una cifra precisa de cuántas personas llegaron a Venezuela, de acuerdo con el estudio ‘Lugares, procesos y migrantes: aspectos de la migración colombiana’. Aunque los datos oficiales de los dos países nunca coinciden, en el Censo de Población de Venezuela realizado en el 2000, se reportó un millón de colombianos en el país vecino; sin contar a las personas irregulares.

La industria textil le dio una carrera a Juan Diego

Para Juan Diego Palacios Bueno enfrentarse a vivir en otro país fue como una nueva aventura. Eran los noventa y en esa época trabajaba con Tejicóndor, cuando le dieron la noticia de que lo trasladarían a Venezuela porque la empresa se instalaría en el territorio vecino.

Él aceptó, se fue solo y allá desarrolló su carrera. Se casó, tuvo a su familia y creó su vida desde cero. Palacios es uno de los colombianos que en la época de la riqueza venezolana se fue a buscar mejores oportunidades, salir adelante y mejorar la vida de quienes se quedaron en Colombia.

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“Eso era ‘Venezuela Saudita’, allá valía más una botella de agua que la gasolina. En esa época, a las personas disciplinadas les iba muy bien”, recuerda.

Casi dos décadas después, Palacios tomó la decisión de retornar a Colombia porque la situación no pintaba bien. Al principio vivía en Cúcuta y hacía sus negocios en Ureña, una ciudad venezolana cercana a la frontera.

“Todavía había formas de hacer negocio, pero luego todo se complicó y decidí devolverme para Medellín”, asegura.

En 2013, Palacios volvió a Medellín, continuó trabajando en lo que sabe: el gremio textil. Cinco años después se vino su hijo mayor, Juan Sebastián, pero recientemente él, su hijo, decidió devolverse para ver a su mamá y el resto de su familia. Por su parte, Paulina, su hija menor, vive y estudia en Argentina.

En la actualidad Palacios trabaja con una representación de India, Pakistán y Turquía, ahora su aventura está en su ciudad natal.

“Yo allá viví 22 años, he vuelto porque tengo mi familia y mis amigos, pero ahora todo está muy difícil; hay racionamientos de luz y de agua y todo está muy caro”, contó.

Palacios rehizo toda su vida en Venezuela. / FOTO: CORTESÍA JUAN DIEGO PALACIOS
Palacios rehizo toda su vida en Venezuela. / FOTO: CORTESÍA JUAN DIEGO PALACIOS

De vender empanadas a encargarse de las remesas de los venezolanos en Medellín

“Mis padres emigraron a Venezuela en los ochenta buscando oportunidades porque aquí la situación era compleja. Se fueron a probar suerte y les fue muy bien”, cuenta Conrado de Jesús Morales Gómez.

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Conrado nació en Venezuela. Su acento es particular, no es del todo paisa, pero tampoco es completamente venezolano. Es la combinación de dos culturas que lo representan.

Allá estudió Ingeniería Ambiental y una especialización en Auditoría Interna, trabajaba en una empresa petrolera y tenía un negocio aparte de venta de carros. Su mamá era ama de casa y su papá trabajó como capataz, administrador de fincas y enseñaba el arte de los caballos de paso fino.

Pero ante la situación económica que empezó a tener el país, en 2013 Morales tomó la decisión por su familia y se devolvieron para el territorio antioqueño.

“Nos vinimos mi mamá, mi hermana y mis sobrinos, mi papá se quedó, pero años después sí vino. Nos tocó empezar de cero porque lo que trajimos (en dinero) se volvió nada. Entonces comencé en la calle a vender empanadas, todo para sobrevivir”, recuerda y cuenta que en la actualidad se dedica a enviar remesas hacia Venezuela y al cambio de moneda, entre otras cosas.

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Morales dice que aunque su adaptación en Medellín fue fácil, porque tenía varias costumbres heredadas por su familia, tanto para su mamá como para su papá fue muy duro regresar.

“A mi mamá no le gustaba estar acá, me decía que extrañaba mucho Venezuela, pero ya está más adaptada. A mi papá sí le ha dado más duro porque allá se desarrolló, creció como persona, y volver otra vez a Colombia en la misma situación como la que se fue, psicológicamente le ha pegado mucho”.

Conrado fue el encargado de decidir si su familia se quedaba en Venezuela o se iba. /FOTO: CORTESÍA CONRADO MORALES
Conrado fue el encargado de decidir si su familia se quedaba en Venezuela o se iba. /FOTO: CORTESÍA CONRADO MORALES

De Venezuela para Santa Elena

Aunque Claudia Andrea Monsalve Gómez nació en Medellín, en 1982, cuando tenía dos años, su mamá y su papá se la llevaron para Venezuela. Allá hizo su vida, se casó, tuvo hijos y montó su empresa.

“Llevábamos ropa interior desde Colombia hacia Venezuela porque mi familia era toda textilera, entonces nos dedicábamos a la confección. Eso hice desde que me gradué de la universidad hasta el día en el que nos vinimos para Colombia”, cuenta.

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La fecha la tiene clara: el 16 de enero de 2017. Ese día se fue con su esposo y sus dos hijos en busca de un mejor sistema educativo para ellos, quería más oportunidades.

“Pensé que llegar acá iba a ser más fácil porque los papeles estaban en orden, pero la verdad uno termina siendo extranjero en su propia tierra”, asegura y cuenta que en cuanto al ámbito laboral logró un trabajo en una constructora y su esposo se dedica a trabajar en plataformas de transporte.

En la actualidad viven en Santa Elena y allá crearon su hogar. Dice que la gente de ese corregimiento los aceptó sin ningún problema, además, están muy contentos con la cultura silletera y todo lo que el territorio tiene para enseñarles.

“Nos encanta vivir en Santa Elena, pensamos que nos íbamos a quedar solamente un tiempo, que nos íbamos a venir a la ciudad y resulta que decidimos quedarnos, preferimos venir todos los días que mudarnos porque las personas son muy queridas”, aseguró.

Claudia asegura que Santa Elena los acogió como ningún otro territorio. /FOTO: CORTESÍA CLAUDIA MONSALVE
Claudia asegura que Santa Elena los acogió como ningún otro territorio. /FOTO: CORTESÍA CLAUDIA MONSALVE

Los colombianos que migraron a Venezuela dejaron una marca en la historia y cultura de ambos países. Más allá de cifras, son relatos de adaptación y determinación frente a los desafíos de un intercambio cultural en el que destacan la búsqueda de oportunidades y la capacidad de adaptación de quienes decidieron cruzar fronteras en busca de un mejor futuro.

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