La noticia que nadie quería dar este martes, 5 de mayo, se confirmó con un nudo en la garganta: 9 mineros perdieron la vida en las entrañas de la mina La Ciscuda, en Sutatausa. Mientras las familias lloran a sus muertos, el reporte médico da un pequeño respiro entre tanto dolor. De los 6 sobrevivientes, 5 se encuentran estables en el Hospital El Salvador de Ubaté, pero el sexto —el que se llevó la peor parte— tuvo que ser trasladado de urgencia a la Fundación Santa Fe en Bogotá.
Lea también: ¡Ojo! Población venezolana en Bello debe hacer este trámite de salud
Lo que indigna de este caso es que, como suele pasar, la tragedia ya había avisado. No fue un “golpe de mala suerte” a 600 metros de profundidad. Resulta que la Agencia Nacional de Minería (ANM) ya le había echado el ojo a la mina el pasado 9 de abril. Los técnicos fueron claros: había que moverle al tema de la “inertización” por el bendito polvo de carbón y sellar zonas donde el gas metano estaba haciendo de las suyas.
Dato clave: La explosión ocurrió en el sector de Peñas de Boquerón, en una mina operada por Carbonera Los Pinos S.A.S.