Navis Gallego Orrego llegó a Latexport hace casi la mitad de su vida, no en vano lleva la compañía en el corazón. Por eso a sus 56 años y luego de 26 de camellar allí, la invaden contrastantes sentimientos cuando se acuerda que este año, Dios mediante, se jubilará: “El 8 de noviembre terminaré mi periodo laboral, siento mucha alegría, pero también mucha nostalgia de dejar mis compañeras y la empresa”.
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Su trasegar en esta organización es motivo de admiración para sus compañeros y le ha permitido lograr una estabilidad en su vida que la llena de orgullo y de satisfacción. De hecho, ha tenido varios ascensos: “Se dieron porque yo he sido muy juiciosa y responsable, siempre cumplidora de mi deber en la empresa”, aseguró.
Llegó a servicios generales el 26 de mayo de 1997. Contó que “fue de una” que la aceptaron, porque ya tenía algo de experiencia. En este puesto estuvo cerca de 8 años, sus funciones eran diversas y entre ellas aparecía la mensajería. “Me gustaba esa labor porque la gente de administración era muy querida y siempre me acogía bien, pero en un momento necesitaban a un hombre con moto, entonces me ubicaron en otro lugar”, comentó.
“Ha sido parte fundamental de nuestra historia desde los inicios de la compañía”, dijo Alejandra Herrera, jefe abastecimiento y comercio exterior.
La llevaron para la planta en empaque, donde estuvo alrededor de 6 años; luego pasó a la sección de inspección: “Uno ahí prueba los guantes para verificar que salga de buena calidad, allí estuve como 13 años”, recordó.
“Es evidente su compromiso, responsabilidad y cariño con todas sus funciones”, nos comentó Fernando Cardona, líder del almacén.
En cada rol que estuvo siempre probó finura, por eso cuando había forma de promoverla sus jefes no lo dudaban.
En 2022 pasó al almacén, de donde se despedirá a final de año para dedicarse de lleno a su hija Tatiana y a su nieto, Simón.
Su empresa, una bendición: “Cuando yo entré aquí no tenía nada, soy madre cabeza de familia y esta empresa me dio una estabilidad muy buena; acá conseguí mi casita y le di estudios universitarios a mi hija, quien hizo una licenciatura en español en Uniminuto. Primero compré el lote y lo pagué, después hice la casa poquito a poquito, ahí voy con ella”, destacó.
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