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  • En Colombia se desempeña como alpinista industrial; en Venezuela ha ayudado a remover escombros y repartir ayudas a los afectados por los terremotos. FOTO: CORTESÍA
    En Colombia se desempeña como alpinista industrial; en Venezuela ha ayudado a remover escombros y repartir ayudas a los afectados por los terremotos. FOTO: CORTESÍA
  • Una de las zonas de la emergencia. FOTO: TOMADA DE X BITÁCORA ECONÓMICA VENEZUELA
    Una de las zonas de la emergencia. FOTO: TOMADA DE X BITÁCORA ECONÓMICA VENEZUELA
  • El “pasaporte” de David: el libro del Nuevo Testamento. FOTO: CORTESÍA
    El “pasaporte” de David: el libro del Nuevo Testamento. FOTO: CORTESÍA
  • Algunos de los compañeros de David Garcés en Voluntarios S.O.S. FOTO: CORTESÍA
    Algunos de los compañeros de David Garcés en Voluntarios S.O.S. FOTO: CORTESÍA
  • SosMilagros, la gata que David Garcés rescató de los escombros y que piensa adoptar. FOTO: CORTESÍA.
    SosMilagros, la gata que David Garcés rescató de los escombros y que piensa adoptar. FOTO: CORTESÍA.

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David, el paisa que dejó todo para irse de rescatista a Venezuela

Su pasaporte fue una biblia y hoy está en Venezuela, después de una larga travesía, ayudando en labores de rescate tras los terremotos del 24 de junio.

hace 2 horas

Mi gente

Cuando los medios de comunicación comenzaron a reportar los terremotos en Venezuela, David Garcés, un alpinista industrial paisa, sintió que tenía que estar allá. “Es como si Dios me hubiera tocado y me lo hubiera dicho”, contó.

Antecedente: EN VIDEOS: 164 muertos y casi 1000 heridos deja terremoto en Venezuela

Lo primero que hizo fue reunir el dinero que tenía ahorrado y correr a la prendería a empeñar algunas joyas, por las que le dieron $ 600.000 pesos. “Llamé a mi hermano y a mi mamá y se pusieron a llorar; me preguntaron si me había vuelto loco; me dijeron que yo no conocía a nadie en Venezuela. Les dije que eso no importaba, que Dios sería mi guía”, explicó.

Su esposa, que en ese momento no se encontraba en la ciudad, recibió la noticia en la distancia, y su vecino se comprometió a cuidar de sus mascotas mientras estuviera lejos.

Para él, un habitante de Altos de Oriente, en Bello, todo parecía una señal clara: los terremotos de Venezuela habían sucedido exactamente un año después de que un alud de tierra dejara varios muertos y damnificados en la vereda Granizal, en donde vive. “Con eso sentí que era ya una decisión tomada”, dijo.

Una de las zonas de la emergencia. FOTO: TOMADA DE X BITÁCORA ECONÓMICA VENEZUELA
Una de las zonas de la emergencia. FOTO: TOMADA DE X BITÁCORA ECONÓMICA VENEZUELA

Un viaje sin fecha precisa de regreso

Con el poco dinero reunido, David empacó sus herramientas de trabajo en un morral y arrancó para la Terminal del Norte, en donde se subió a un bus que lo llevó hasta Cúcuta, sin tener pasaporte ni mayor claridad de lo que iba a pasar: solamente el destino y el deseo de ayudar a las víctimas de los terremotos.

“En Cúcuta llegué a la agencia de viajes de una señora llamada Fernanda. Como no llevaba pasaporte, no me querían dejar pasar; entonces saqué todo mi equipo”, narró David, y contó que no sabe cómo empezó a convencer a todo el que se le cruzaba. Pedía que lo llevaran, que allá Dios se encargaría del resto. “Les dije: ‘yo no conozco a nadie en Venezuela y no sé a dónde voy a llegar; lo único que sé, y mi sentir, es que voy a apoyar a mi gente linda de Venezuela’. La señora se puso a llorar”.

Con las lágrimas de Fernanda y un libro del Nuevo Testamento que vio en el mostrador, David le pidió que se lo vendiera: “este va a ser mi pasaporte; Dios me va a abrir el camino”, le dijo, y se unió a Gerson y a Andreína, una pareja de esposos que iba para el estado de La Guaira cargada de ayudas desde Colombia.

El “pasaporte” de David: el libro del Nuevo Testamento. FOTO: CORTESÍA
El “pasaporte” de David: el libro del Nuevo Testamento. FOTO: CORTESÍA

Cuenta que se fue orando durante todo el camino y que gracias a eso pasaron sin problema todos los retenes de la Guardia Nacional.

Una llegada llena de obstáculos

Al llegar a San Cristóbal, y ya en el último retén, sus oraciones empezaron a perder fuerza. “En un punto que se llama La Cascada me querían hacer bajar, me preguntaron por qué no llevaba pasaporte y entonces les conté mi historia, les mostré la biblia y les dije que ese era mi pasaporte; que me permitieran ingresar al país, que iba a ser el mejor ayudando a su gente. El señor casi se puso a llorar, me miró y me dijo: ‘tenga su pasaporte y su buena suerte’, y me dejó seguir”.

Cuando David estaba a punto de cantar victoria, lo volvieron a parar. “Me abrieron la maleta y pensaron que yo era un espía; hasta me revisaron el celular y dijeron que me iban a deportar. Pero entonces la gente empezó a rebotarse: ‘¿cómo lo vas a deportar? Mira que es un rescatista’, decía todo el mundo y señalaban mi casco, mi cuerda”, dijo. “Tenga usted buena suerte y vaya ayude a mi país”, le dijo el último guardia, y así David pudo continuar su camino.

Una familia de amigos y voluntarios

Al llegar a La Guaira, conoció a quienes son sus compañeros de labor. Se llaman Voluntarios S.O.S. y conforman un grupo de 35 personas entre las que hay, además de venezolanos, un compañero suyo que viajó de El Salvador y él, otro osado que dejó todo desde Colombia solamente para ayudar. “Cuando llegué, me presenté y así empezó todo”, narró David, para quien el día comienza muy temprano con sus herramientas, su casco, su cuerda y su voluntad.

Algunos de los compañeros de David Garcés en Voluntarios S.O.S. FOTO: CORTESÍA
Algunos de los compañeros de David Garcés en Voluntarios S.O.S. FOTO: CORTESÍA

Sus jornadas diarias duran en promedio veinte horas, en las que ayuda con la remoción de escombros y recorre gran parte de la ciudad repartiendo ayudas, comida y medicina. “Vamos a agotar todos nuestros recursos para seguir rescatando y recuperando”, expreó David, quien espera quedarse en Venezuela un par de semanas más y volver más adelante con su esposa a presentarle a todas las personas que ha conocido en esta travesía. “Los venezolanos son las personas más amables y más hospitalarias que he podido encontrar”.

Para David, lo único que lo tiene en Venezuela es la voluntad de querer ayudar y espera que con su historia muchos más se animen a dejar salir su solidaridad. “Hemos recuperado muchos cadáveres; el dolor y la desolación son grandes pero las ganas de continuar, mucho más”, expresó David, quien lleva nueve días en el país vecino, en donde logró rescatar con vida a SosMilagros, una gatita que bautizó así y a la que tienen en la base de operaciones de la institución. “La voy a hacer vacunar, porque pienso llevármela para Colombia”.

SosMilagros, la gata que David Garcés rescató de los escombros y que piensa adoptar. FOTO: CORTESÍA.
SosMilagros, la gata que David Garcés rescató de los escombros y que piensa adoptar. FOTO: CORTESÍA.

Aunque algunos dicen que está loco por haber viajado más de 24 horas para ayudar a las víctimas de Venezuela, para él es una labor desinteresada que nació de un llamado divino y que volvería a hacer las veces que sea necesario.

“Con todo el amor del mundo me voy a sudar la camiseta a donde quiera que haya hermanos en situación de crisis: no lo pensaría dos veces”.

Encuentre más información de su interés en nuestra sección de Actualidad.

¿Quién es David Garcés?
David Garcés es un alpinista industrial de Bello, Antioquia, que decidió viajar por iniciativa propia a Venezuela para apoyar las labores de búsqueda y rescate tras los terremotos del 24 de junio. Actualmente, integra el grupo humanitario Voluntarios S.O.S. en el estado de La Guaira.
¿Qué labores realiza David Garcés en Venezuela?
El antioqueño participa en la remoción de escombros, la búsqueda y recuperación de víctimas, la entrega de ayuda humanitaria, alimentos y medicamentos. Sus jornadas pueden extenderse hasta 20 horas diarias junto al grupo Voluntarios S.O.S.
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