El arte no es extraño de Sandra Suárez y viceversa; ambos se han coqueteado desde siempre y lo han hecho con la danza, la escritura, el teatro y la necesidad de contar cosas. Es como si haber estudiado derecho hubiera sido un accidente, aunque le sirva hoy, a veces, y aunque no siempre se percate.
Ha pasado por muchos lugares y desempeñó muchos trabajos: escribió artículos deportivos; hizo parte de una agencia de business storytelling; fue community manager y directora administrativa de un teatro; y dedicó el tiempo que le sobraba a hacer las cosas que realmente le gustaban, lo que la llevó a ganar experiencia en el campo deportivo y el artístico y a llegar, finalmente, hasta donde está hoy, ‘pegada’ de un tubo que parece una extensión suya y en el que sabe moverse con gracia, engañando a quien la ve, pues hace que la práctica parezca suave, fácil y sin esfuerzo.
“Estuve en una gama tan amplia de trabajos que no podría quedarme en uno solo y decir ‘es que yo fui tal cosa antes de’. Siento que trabajaba en otras cosas para poder existir básicamente como ser humano”. El camino, que pareciera planeado y estratégico, realmente se construyó solo, y cada estación fue apareciendo de sorpresa: “yo no busco las cosas; a mí me encuentran”, dice.
Antes de hacer pole, Sandra hizo danza contemporánea, practicó muchos deportes y estuvo dentro de muchas líneas de la salsa. Y cuando comenzó a aburrirse de todo eso, como si le leyera la mente, una amiga suya le escribió y le dijo: “yo creo que tú disfrutarías mucho haciendo pole”. Sin muchas preguntas, asistió a las dos clases que esa amiga le regaló y se quedó.
“Al principio fui pésima, y fue por eso mismo que me gustó. Me gustó el pole porque no podía levantar los pies del piso. Me gustó el pole porque todo me dolía. El primer día no hice nada, y era llena de morados desde el pie hasta el cuello”, cuenta. “Con el tiempo todo eso disminuye porque hay desarrollo de técnica, hay adaptación neurológica y el dolor ya no se siente tanto”.
Sandra enseña lo que sabe en LAC, su propio estudio de pole. FOTO: MANUEL SALDARRIAGA
Del 2017 al 2021 Sandra tomó clases; quería tener más información para seguir enriqueciendo su práctica. “Y, como todas las cosas que me pasan a mí, apareció Dago García y me llamó para que le enseñara a Lina Tejeiro a hacer pole, por el personaje que tenía en una película; necesitaban una profesora que le diera diez clases y que le armara una coreografía”. La protagonista de ‘Un rabón con corazón’ extendió los diez encuentros a un mes que pagó completo e instaló un tubo en su casa para seguir aprendiendo. Su profesora fue Sandra.
Era un camino sin retorno. “No lo tenía en mi radar, no era algo que yo dijera ‘ay, qué rico dedicarle mi vida a esto’; pero me encontró, como que me estaba buscando”. Fue entonces como, además de ser profe, terminó con un papel pequeño en la misma película y ayudó al director a verificar que las coreografías estuvieran bien y que las cámaras mostraran lo que él quería. “Esa experiencia me ayudó y me enseñó mucho, y me abrió las puertas a empezar a dar clases”.
Después de participar en varias competencias en Colombia, Sandra cumplió su sueño de estar en Pole Art Italy, que, además de ser internacional, era el lugar en el que participaban sus ídolos. “Se veía increíble; el teatro era espectacular. Me inscribí en categoría semi pro en 2022, después de estar entrenando online con Belén Serra”, cuenta, refiriéndose a la artista argentina de quien hoy todavía es alumna.
Fue precisamente en el torneo en el que siempre quiso estar donde encontró como participante cosas que no le gustaron, y que terminaron motivándola a su regreso a planear uno propio. “Me devolví a Colombia y empecé a escribir el reglamento; lo hice y lo guardé unos meses, hasta que recibí una llamada de Comfama, preguntándome si quería tener mi competencia... y se los envié”. Y así nació Pole Art Colombia, su competencia internacional que ya tiene tres ediciones y se encuentra en planeación de la cuarta, que será en agosto de este año.
Competir para ella, por ahora, está en pausa. Y cómo no, ¡si sus jornadas enteras se van en planear, enseñar, aprender y ejecutar! Parece que para Sandra, que lleva ocho años en el pole, es imposible quedarse quieta, pues, además de ser una eterna aprendiz, enseña lo que sabe en LAC (Laboratorio Aéreo Contemporáneo), su propio estudio en el sector Estadio, y tiene Grip, su propia revista, hecha por un grupo de profesionales de distintas disciplinas, pero todos estrechamente relacionados con el pole: otro feliz accidente.
La revista, que hasta ahora tiene una sola edición y que pretende salir anualmente, busca dejar un registro histórico de lo que pasa en el pole y ser al mismo tiempo resistencia. “Se convierte en resistencia porque el movimiento es un elemento que junta a la gente, que genera conversaciones y que trae bienestar”. El pole como habitación propia y como acto político, son algunos de los temas de la revista, que, si bien nació de la necesidad de registrar, es una apuesta por lo análogo: “confío mucho en lo digital, que me ha dado tantas cosas, pero también creo en los objetos que se pueden tocar, tener, guardar”, dice.
Entre competencias, clases, entrenamientos, y quién sabe cuántas cosas más que tenga en la cabeza, hoy Sandra sigue dejando que la vida la encuentre, como hasta ahora, pero siempre en movimiento: gestando ideas, abriendo espacio para cosas y personas nuevas y en constante construcción de su propia habitación, que, lejos de estar cerrada o terminada, toma forma todos los días dentro del trabajo colaborativo y el reconocimiento del otro.
Deja que las cosas la encuentren, pero siempre está en movimiento. FOTO: MANUEL SALDARRIAGA
¿Qué viene a continuación? El siguiente paso está a punto de llegar de sorpresa, como ha sido habitual; solo hay que darle cabida a la sensibilidad.
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