En medio de la cobertura mundialista que tengo el privilegio de hacer nuevamente, encontré una historia que, aunque no pasó dentro de una cancha de fútbol, también merece ser contada.
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Ocurrió durante mi primer viaje en el metro de Ciudad de México, donde me encontré con un sistema de transporte eficiente para una metrópoli gigantesca que enfrenta enormes desafíos de movilidad.
La red cuenta con 12 líneas, 195 estaciones y más de 226 kilómetros de extensión, además de varias estaciones modernizadas para atender el aumento de visitantes durante la Copa Mundial.
Pero más allá de la infraestructura, lo que realmente me sorprendió fue la vida que transcurre dentro de los vagones. Apenas inició el recorrido, el tren se transformó en una especie de mercado ambulante, muy parecido a lo que ocurre cuando se camina por El Hueco, en Medellín.
Los vendedores recorren los pasillos ofreciendo estuches para celulares, chicles, papas fritas, medias, ropa interior, productos de aseo e incluso pomadas que prometen aliviar toda clase de dolencias.
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Cuando parecía que el desfile de comerciantes había terminado, llegó un artista dispuesto a convertir el vagón en un pequeño teatro sobre rieles. Sin pronunciar una sola palabra comenzó un espectáculo de magia que llamó la atención de los pasajeros.
Lo más admirable era su capacidad para mantener el equilibrio mientras el tren avanzaba entre frenadas bruscas y movimientos constantes.
Durante cerca de 10 minutos presentó 3 actos que fueron ganando poco a poco la atención de los viajeros.
Primero hizo desaparecer una colorida flor ante la mirada incrédula de algunos pocos que lo observaban. Luego sacó una larga cuerda, la cortó en varios fragmentos con una tijera y, ante los ojos del público improvisado, volvió a unirla como si nunca hubiera sido dividida.
Para el gran final, el mago infló un largo globo de látex hasta que alcanzó más de un metro de longitud, entonces comenzó a introducirlo lentamente en su boca hasta hacerlo desaparecer por completo.
En ese instante, los pasajeros olvidaron por unos minutos que viajaban en el metro y concentraron toda su atención en descifrar el truco.
Al finalizar, el artista rompió el silencio que había mantenido durante toda la presentación y dijo: “Pido disculpas si incomodé a alguna persona con mi acto. Solo busco una ayuda de la gente y traer un poco de alegría a los viajeros”.
La experiencia me permitió hacer una comparación con nuestro metro, que con su suavidad y comodidad hacen que ni se perciba el movimiento. En contraste, en el de Ciudad de México son frecuentes las frenadas repentinas y los movimientos bruscos, el trayecto se siente parecido a un recorrido en bus.
Disfrute de algunas de las fotos de Juan Antonio Sánchez, enviado especial de Q’HUBO y El Colombiano, en el Mundial 2026.
*Nota por Juan Antonio Sánchez, enviado especial*
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