“Yo siempre quise ser una Chica Q’HUBO”, nos dijo Juandy Salazar cuando nos dio la bienvenida a su casa en Medellín, en donde tiene además, enmarcadas, entrevistas de otros medios de comunicación. “La de ustedes la voy a poner por aquí”, dijo señalando una puntilla solitaria que pareciera esperar esta página, que seguramente se va a quedar corta para todo lo que esta creadora de contenido contó.
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Quienes conocen y siguen a Juandy dicen que es ‘la reina de Colombia’, un apelativo que se ganó solita, sin planearlo y sin imponerlo, y que ha sabido llevar en alto sin necesidad de un cetro o una corona: solamente con sus historias, su infinita capacidad de hacer reír a los demás y de sacar siempre a relucir las cosas positivas de las personas con las que se cruza.
“El humor siempre fue, desde que era niño, un mecanismo de defensa que yo tenía para que la gente se olvidara que yo era así como rara de ver en ese momento; un niño diferente al que de pronto las personas estaban acostumbradas”, dijo.
Una comunidad en crecimiento
De su historia, que ya sus seguidores se saben de memoria, no hay muchas cosas nuevas para contar, pero siempre vale la pena mencionarlas. Como que nació en el Valle del Cauca y fue recibida por Antioquia, cuando aterrizó en Itagüí y empezó a utilizar el pronombre “ella”, que aún hoy a algunos les cuesta atribuirle.
“En el 2022 pude ser totalmente yo. Ahí me pude vestir como yo quería, salir a la calle como yo deseaba; me sentí cuidada. Eso sí, sé que no es el caso de muchas personas diversas en Medellín”, reconoce. Esa fue su primera victoria, y con la que, gracias a la comunidad digital que sigue creciendo desde entonces, inspira a unos y es referente de otros tantos, pues todavía recibe mensajes directos de quienes le agradecen por ser impulso para existir de manera libre y auténtica.
Quienes consumen su contenido reconocen de inmediato su sonrisa, su forma de decir las cosas, los chistes naturales que aparecen con facilidad en medio de su conversación y la risa espontánea con la que cierra todos sus videos, porque una cosa siempre le ha resultado sencilla: reírse de sí misma.
Sus redes sociales, en donde la siguen más de 1.100.000 personas, están llenas de historias divertidas y cotidianas, y su contenido la ha llevado a trabajar con marcas como Netflix, Hbo Max y Disney, a ser la imagen de varias campañas de ropa y maquillaje, y hasta a hacer un personaje en una película colombiana que se va a estrenar muy pronto.
Don Nepo, su papá, es su inspiración más grande, y aunque ya no está en este plano, recibe la dedicatoria de todas sus victorias. “He hecho cosas muy lindas en su nombre porque es mi motivación más grande. Así él no esté aquí, me sigue animando y movilizando a hacer todo lo que hago”.
Una embajadora de los 2000
El look de Juandy siempre llama la atención, pues es la representación de las mujeres que creció admirando, y el cumplimiento del sueño que se trazó: “dije que quería ser mi propia diva de los 2000”, describe, y agrega que para ella es un tributo, una oda a su yo de cinco años que vio telenovelas y que algún día quiso ser una villana, aunque en la vida real siempre haya sido todo lo contrario.
Aprovechando su armario, su creatividad y sus ganas de contar historias, Juandy creó su propia telenovela digital, en donde interpreta a la malvada señora Lucía, junto a su amiga y mánager Luz María Peña, con quien recrea las escenas que vio en la pantalla chica, y que hacen reír a quienes la siguen en Tiktok y en Instagram, plataformas que continúan creciendo gracias a su chispa.
“Yo tenía 4 o 5 años cuando empecé a ver telenovelas mexicanas como Rubí y Rebelde, y fue en ese momento que me di cuenta de que quería ser actriz”, cuenta, y explica que el despertar de su talento coincidió con el de su ser: “soñaba con ser una mujer y poder construirme en amor, convicción, determinación y fuerza, porque eso es lo que más hay que tener: fuerza”.
Una mujer victoriosa
Si le piden que se ponga una etiqueta, dice que es una mujer trans, y explica que no todos la reconocen como tal, pues cuestionan su apariencia física y su decisión de no someterse a procesos hormonales. “Yo no siento que haya nacido en el cuerpo incorrecto; siento que Dios me envió al mundo y este cuerpo ha sido mi herramienta, mi casa, y un facilitador para hacer mis cosas porque puedo caminar, escuchar, ir, sentir”, explica, y dice que entiende de dónde vienen algunos de esos cuestionamientos.
“Eso lo dicen por el tipo de mujer que suele parecer la mujer trans, dicen que es ‘muy cisgénero, que pasa por mujer, que parece más normal’; como si los seres humanos no fuéramos todos normales”, cuenta.
“Qué pereza esa expresión de salir del clóset; la gente no tiene que andar avisando que le gustan los hombres o las mujeres”. Juandy.
De ella misma dice que es una mujer apasionada, amorosa y entregada a todo, “difícil de mirar”, pero sobre todo bastante soñadora. Y aunque todo eso es cierto y evidente, pocos saben que le gusta pintar, escribir y dibujar, que llena libretas con poesías, dibujos y pensamientos, y que es una ávida lectora de mujeres.
En su biblioteca conviven, por ejemplo, Rosa Montero, Verónica Gerber, Sara Jaramillo Klinkert, Juliana Castro, Giovanna Zuluaga y Virginia Petro, quien también es creadora de contenido y a quien acompañó en el lanzamiento de su libro en la última Feria del Libro de Bogotá.
“Me habría gustado, al crecer, que alguien me dijera que no había nada raro en mí, que todo estaba bien, que yo iba a crecer, que iba a poder abrir un montón de puertas siendo yo, siendo fiel a lo que yo creía, porque en muchos momentos dudé, pero eso me tiene aquí hoy”: Juandy.
El orgullo para Juandy
Lejos de ser cliché, para Juandy hablar de género y de orientación es completamente necesario. “De esto se debería hablar todo el año. He tenido la oportunidad de ir a universidades y a colegios a hablar sobre identidad sexual y es un tema que nunca me aburre. Por el contrario: me parece lindo”, explica, y cuenta que para ella el orgullo debe ser un tema de celebración diaria.
“Es una conmemoración de las luchas: el orgullo es tener esa fuerza, esa determinación para vivir todos los días. Y también sentir la paz que produce quitarse todos los pesos de lo que la gente y la sociedad nos impone, para finalmente ser: simplemente ser”.
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