“Caballerísimo qué tal, mi viejito como estás, que rico volverlo a ver”, estos fueron solo algunos de los saludos que le llovieron a Elkin Arango Meza cuando ingresó a la planta de cinturones de Cueros Vélez.
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La efusiva bienvenida y la alegría de sus excompañeros son el reflejo de lo que sembró allí, donde dejó huella.
En su memoria tiene claro que a la organización ingresó el 6 de julio de 1994 y salió jubilado el 5 de mayo del 2025. Tres décadas pasó en esta empresa, que marcó su vida y la de su familia, pues 2 de sus 3 hijos también laboran allí: David, es auditor, y José Manuel, programador de sistemas. Su descendencia la completa Daniel.
Elkin siente que es difícil encontrar las palabras para decir lo que significa para él Cueros Vélez y la gratitud que siente por “el patrón, don Juan, quien siempre ha sido como un papá para mí, también por sus hijos”.
La empresa le permitió sacar adelante a su familia y le dio todo lo que tiene, pero él también lo retribuyó, incluso no dudó en arriesgar su vida cuando un incendio por poco acaba con todo.
“Fui uno de los fundadores de la brigada, aquí no había y propusieron hacer una. Vinieron a capacitarnos yo era el capitán de la brigada y hubo un incendio grande, eso hace como 9 años, un lunes festivo”.
Todavía recuerda claramente aquella jornada laboral, la más dura que vivió en años.
“Estaba camellando junto con 6 brigadistas haciendo una demarcación de seguridad en los pisos, cuando el vigilante Raúl Ospina nos avisa que hay humo en la planta de acabados, entonces procedemos a ingresar”.
Explicó que de una “conectaron las mangueras de los hidrantes de afuera para sofocar las llamas, mientras llegaba el apoyo de los bomberos, que tardó 45 minutos”.
“Si nosotros no le metemos el cuerpo se acaba la empresa, pues allá quedaba la bodega de químicos”, concluyó.
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