Medallo se vistió de negro, el ‘luto’ del Equipo del Pueblo
Tras la eliminación y el adiós de Raúl Giraldo, la hinchada del Poderoso tiñó de luto el Atanasio ante Flamengo, exigiendo respeto por 112 años de fe.
El Atanasio Girardot no parecía el de siempre. Esa marea roja y azul que suele inundar las graderías se transformó en un manto oscuro, denso y cargado de una indignación que no cabe en palabras. Este jueves, 7 de mayo, no era una noche cualquiera; llegaba el Flamengo, el coloso brasileño y actual monarca de América, pero en el corazón del hincha del Independiente Medellín no había espacio para la fiesta. Solo había lugar para el duelo, para ese luto que se lleva por dentro cuando te rompen la ilusión en mil pedazos.
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La gota que rebosó el vaso no fue solo la eliminación absurda de la Liga BetPlay, ese golpe seco que dejó a la hinchada mirando al vacío mientras el fútbol se le escapaba entre los dedos. Fue la actitud de los de arriba. La reacción de Raúl Giraldo, el máximo accionista, de apartarse del cargo en el momento de mayor crisis, se sintió como la traición de quien abandona el barco cuando el agua ya llega al cuello. El Equipo del Pueblo se sintió huérfano de mando, pero más vivo que nunca en su rebeldía.
Por eso, con el pecho dolido y la camiseta tatuada en el alma, la Popular se pintó de negro. Las bengalas, que en otras épocas iluminaban el camino al título, esta vez escupieron un humo sombrío que nubló la vista de los jugadores pero aclaró el mensaje de la gente. “Respeten nuestra historia, respeten el legado”, era el clamor de miles de gargantas desgarradas.
Son 112 años de herencia montañera, de aguantar sol y agua, de celebrar en las malas y de no soltar la bandera en las muy malas. Para la dirigencia podrá ser una empresa, pero para el paisa de a pie, el DIM es la herencia sagrada de sus abuelos.
Previo al partido, el cántico fue unánime, un trueno que sacudió los cimientos del estadio: “¡Que se vayan todos, que no quede ni uno solo!”. El hincha, el que siempre ha bancado, el que gasta lo que no tiene por un abono, dijo basta.
El sentimiento no se negocia y la paciencia se evaporó. La gran pregunta que flotaba en el aire, entre el olor a pólvora y la rabia contenida, sigue doliendo en el costado: ¿hasta cuándo lo del Independiente Medellín será este eterno y bendito sufrimiento? Esta noche el Rojo no jugó, esta noche el Rojo protestó por su dignidad.
Respecto al juego, con ayuda de la Confederación Brasileña de Fútbol, Flamengo insistió para cancelar el partido con el Medellín. El club descartó jugar en Colombia en caso de reprogramación para este viernes.
Luego de la protesta, se registraron algunas escaramuzas a las afueras del estadio (no apoyamos ningún tipo de violencia); los jugadores del Mengao se resguardaron en los camerinos, mientras que algunos periodistas evidenciaron daños en sus pertenencias por las bengalas y algunos servicios sanitarios del estadio sufrieron destruidos.
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