Pole Art Colombia, la competencia que se reconoce en el otro
Especiales Q’HUBO: Cerca de su cuarta edición, es un torneo digno y seguro que cuida el detalle que cuenta una historia colectiva.
Hay cosas grandiosas que nacen desde la incomodidad, y así nació Pole Art Colombia: desde la experiencia de Sandra Suárez como participante en una competencia de pole internacional, en donde se encontró de frente con aspectos que no encontró de su agrado, y que quiso cambiar para que otros no vivieran lo mismo.
Antecedente: Arte, pole y resistencia: la habitación propia de Sandra Suárez
Su competencia, que nació como una iniciativa local con proyección internacional, ya no es solamente suya, y esa juntanza y otredad se hacen evidentes en cada punto, que cuidó con detalle: desde el reglamento y las categorías, hasta los premios y las medallas. “Es un reconocimiento al otro; sin los otros no existiría la competencia”, explica. Pero de eso podemos hablar más adelante.
Cuando Sandra comenzó a competir en Colombia, su sueño era competir alguna vez en Pole Art Italy, la competencia internacional a la que asistían sus ídolos, y en el 2022 cumplió su sueño, se inscribió en la categoría Semi Pro y viajó hasta Europa, a encontrarse de frente con muchas de las personas que admiraba y seguía en redes sociales y a limpiarles el tubo, por gracioso que suene, porque la organización de la competencia no había pensado en destinar este rol necesario a alguien más.
Esa fue la primera inconformidad: “¿Cómo así? Esto es un mundial, ¿cómo no van a tener pole cleaners?”, pensó Sandra, y se ofreció a ser ella, revisando con lupa, sin planeárselo, el resto de cosas que, a su modo de ver, necesitaban corregirse para hacerle más llevadera la competencia al resto de participantes que, como ella, habían viajado desde muy lejos para enfrentarse a otros.
Cuando volvió a Colombia, se sentó a escribir el reglamento de la que sería su propia competencia, y lo dejó guardado hasta que recibió la llamada inesperada de alguien de Comfama, quien, sin saberlo, le ofreció el teatro de la caja de compensación para ese fin.
“Pole Art Colombia es el bebé consentido, pero además el bebé más grande, que tiene tres ediciones; este año es la cuarta”, cuenta Sandra, y explica que es una competencia que comenzó con 50 personas compitiendo y seis países diferentes, y que fue creciendo, hasta tener en su tercera edición 11 nacionalidades y 140 personas inscritas. “Este año me gustaría que vinieran más personas de otros países; ya está pasando”.
La competencia es hoy un espacio seguro y digno en el que los artistas pueden mostrar su trabajo en el pole y dar a conocer sus procesos; y hacerlo en Medellín, para Sandra, es una forma de descentralizarlo, pues todas las competencias en el país, antes de la suya, se hacían en Bogotá.
“Cuando coges varias medallas y las juntas, se arma, digamos, un dibujo adicional, porque la idea de la medalla es lanzar el mensaje de que sin nosotros no existiría la competencia; si solo existiera un equipo de fútbol no existirían los campeonatos porque no tendrían contra quién jugar. Así es el pole; si solo existiera un pole dancer, no existiría contra quién competir”, dice, y cuenta que cada año se pregunta cosas sobre la competencia para tener razones que la lleven a seguirla haciendo.
Una de esas cosas son los premios: su competencia es de las pocas que reconoce a los ganadores con un premio económico; las demás lo hacen con un regalo simbólico. “Esto es un trabajo; le dedican muchas horas en su día a la práctica; al menos deberíamos pagarles algo, ¿no?”.
Con apoyo de terceros, patrocinios y “malabares”, como dice ella, Pole Art Colombia tendrá su cuarta edición del 6 al 9 de agosto de este año, con nuevas categorías y jueces, entre las que se encuentran figuras como Natasha Wang, Bénédicte Rinaldi y Belén Serra. Las inscripciones siguen abiertas hasta el 1º de junio del 2026, y la boletería estará disponible muy pronto.
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