Jota Villaza: el maestro de la cuentería que fascina a grandes y chicos
Con 68 años y 40 de cuentero, Jota Villaza revive la tradición oral paisa y enseña a nuevas generaciones a contar historias.
Jorge Ambrosio Villa Zapata es su nombre de pila, pero todos lo conocen como Jota Villaza. Él le ha dedicado a la cuentería más de la mitad de su vida; tiene 68 años y hace 40 se acercó a ella. Desde niño hizo teatro en la escuela, pero no se explica qué fue lo que marcó su goma, aunque siempre disfrutó de todo lo cultural.
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Recordó que la primera vez que vio títeres tenía 8 años y “eso fue una fascinación porque nos enseñaron a hacerlos, yo llegué a hacer el mío a la casa, aunque me quedó muy feo”.
Estudió en la Normal, lo que le despertó su gusto por enseñar, fue profesor de algunos colegios y dirigió 5 años el área cultural en el Pedro Nel Gómez, a la par que hizo obra social en otras instituciones.
Su gusto por la cuentería puede estar relacionado con el hecho de que su padre, Guillermo, le leyera con frecuencia el Testamento del Paisa. Él se aprendía estos relatos y se lo contaba a sus amigos.
Fue el cuarto de 7 hermanos y con el tiempo se dedicó a hacer títeres y teatro: “En una de esas me contrataron para hacer una recreación el Día de los Niños, pero me dijeron que luego les iban a contar unos cuentos y como me gustaba el tema me las ingenié para que el profe Luis Fernando Macías me permitiera estar en unas clases”.
Rememoró que fue ahí, hace 40 años, cuando se empeliculó del todo: “Empecé a mirar dónde hacía presentaciones y me acomodé de entrada un vestuario paisa, contaba cuentos de Agustín Jaramillo, del libro que me leía papá, de Cosiaca y de Pedro Rímales”.
En el 89 en Antioquia crearon el Festival de Tradiciones Orales José García Cosiaca y Jota se ganó las 2 primeras versiones, por eso a la tercera no lo admitieron de concursante y fue como invitado.
También en suelo paisa hicieron una clasificatoria para un evento en Bogotá, pero muchos lo consideraban fuera de concurso y no pudo intervenir, sin embargo, los organizadores, conscientes de su talento, le dieron un cupo.
Fue así como se convirtió en un referente y luego fundó la Corporación Viva Palabra, en la que hoy enseña este arte.
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